ALFREDO EL YAQUI RIOS CUMPLE HOY 85 AÑOS.....UNA LEYENDA INMORTAL

GRACIAS AL AMIGO Y COLEGA JESUS ALBERTO RUBIO DESDE HERMOSILLO, SONORA NOS HACE LLEGAR ESTA SEMBRANZA DE UN GRANDE DEL BEISBOL...VALE LA PENA QUE USTED LO LEEA INTEGRO.

Fernando Villa Escárciga

Es un guaymense cuya figura y nombre se enseñorea en al Salón de la Fama del Béisbol Mexicano, una leyenda que se arraiga cada vez más en una comunidad orgullosa de lo suyo.

Es Alfredo Ríos Meza, El Yaqui, espléndido jugador de cuadro y bateador de casi 3 mil hits por todos los estadios de la geografía nacional; es el once veces campeón de la pelota profesional.

Nativo del barrio de Punta de Arena, donde fue alumbrado un 24 de agosto de 1932, Alfredo evoca gratamente sus primeros contactos con el llamado Rey de los Deportes, al que tanto le dio y recibió más.

Todavía queda la jovialidad de aquel chamaco que a mediados de los cuarentas jugaba descalzo en los campos de tierra negra con rústicos guantes de lona y bats de palo verde que le hacían sus hermanos.

Con los pies embadurnados de aquel agreste terregal, El Yaqui se encontró a sí mismo con el deporte que le dio fama hasta inmortalizar su nombre con letras de oro en el sagrado recinto del béisbol nacional.

“La gente nos decía los patas prietas. Iban muchos a vernos al baldío frente a la escuela Julio Villa”, comenta quien conectó 2 mil 41 hits durante su fructífero paso por la Liga Mexicana de Verano.

Las difíciles condiciones económicas de la familia le permitieron estudiar hasta cuarto de primaria –precisamente en ese plantel --, a donde llegaba acompañado de ocho niños indígenas.

De ahí le viene el apodo: El Yaqui.

Cerca de su casa se alzaba una curtidora de pieles en la que se empleaban varias familias de la etnia, cuyos hijos sólo aceptaban ir a la escuela con su amigo Alfredo.

Muy perrón

Pasaron los años y un día Sonora supo de su destreza durante un campeonato juvenil en Hermosillo, de donde se trajo trofeos a granel por hits conectados, dobles, triples, carreras impulsadas y campeón bateador.

Precisamente en el estadio “Fernando M. Ortiz” se inauguraba el alumbrado para juegos nocturnos, por primera vez en la entidad, un 5 de abril de 1953 con la celebración de aquel torneo estatal.

Aún con las potentes lámparas del estadio sería muy difícil ver la pelota y los riesgos de cometer errores eran muchísimos, le advertían sus pasmados amigos por la modernidad.

“Quería ir muy perrón a jugar con luz, por las noches prendía el foco en la sala de mi casa para tirar la bola contra la pared y atraparla de rebote. El ruidajo era tremendo”, recuerda.

Ante los reclamos de los vecinos, sus padres –Guadalupe Ríos Villegas y Luz Meza Lozoya– pedían comprensión para aquel chamaco que se aprestaba para futuras proezas.

Luego la cumbre internacional. En Caracas, Venezuela, fue electo el mejor segunda base amateur del planeta al ser nominado para la novena ideal al concluir el Campeonato Mundial de 1953.

Alfredo Ríos tenía veinte años cuando le contrataron para la Liga Sonora-Arizona, donde mostró su excelente fildeo y con el madero alcanzó .320 milésimas. Con Mineros de Cananea fue campeón. Las cosas pintaban bien.

Poco tiempo duró allá. Memo Garibay lo invitó a jugar con los Venados de Mazatlán en la Liga de la Costa del Pacífico, la más fuerte de México. Éxito total: bateo para .306 y fue nominado Novato del Año.

El nombre de El Yaqui Ríos empezaba a sonar fuerte, muy fuerte.

Aquel Venados de Mazatlán era un equipazo, también alineaban los empalmenses Angel Castro, Alonso La Lonchera Ruiz, EpitacioLa Mala Torres, Felipe Montemayor, Daniel La Coyota Ríos y otros excelentes peloteros.

La fama del oriundo de Punta de Arena ya trascendía entre los buscadores del mejor béisbol del mundo y los Senadores de Washington lo llamaron para foguearlo en la sucursal de Corpus Christi, Texas.

--Allá el racismo me pegó en la madre. Los güeros eran muy desgraciados y me trataron mal, como lo hacían con cualquier mexicano, negro o asiático –dice El Yaqui, con la voz apabullada de tanto recuerdo.

Aquellos Ostioneros…

Así fue. Alfredo no soportó comer en traspatios de cocinas, hospedarse en muladares y que sus “compañeros” gringos le negaran los bats que ellos utilizaban. Pudo más su dignidad y dijo adiós a la oportunidad de jugar en la Gran Carpa.

Entonces se enlistó con los Sultanes de Monterrey durante cerca de diez años, tres más con los Diablos Rojos del México, el Unión Laguna y con los Tigres capitalinos para despedirse con todos los honores.

Hasta hace poco, el récord de bateo de El Yaqui Ríos se encontraba entre los mejores seis de todos los tiempos en la Mexicana de Verano y entre los primeros nueve de la Mexicana del Pacífico.

Una simple referencia: en promedio, en la Liga de Verano pegó más de un hit cada cuatro veces al bat durante mil 860 juegos. Cualquier pelotero sabe lo que eso significa.

Aunque en la pelota de invierno militó en novenas como Mazatlán, Yaquis de Ciudad Obregón y Cañeros de Los Mochis, elOstioneros de Guaymas siempre fue el equipo de sus amores.

“Para mi gente siempre di todo el corazón. Varias veces lloré cuando perdíamos algún juego, de esos que duelen, dice con la certidumbre recia de un hombre orgulloso de su historia.

Recuerda que en más de una ocasión entró al terreno de juego con fiebre, fuese porque el partido era muy importante o porque el mánager se lo pedía.

--En aquellos tiempos jugábamos con gran amor a la camiseta. Los sueldos no eran tan buenos y jamás nos rajábamos por una simple calenturita.

Entre cientos de partidos, El Yaqui destaca aquel triunfo de Guaymas sobre Los Mochis con hit de Porfirio Hernández. “Fue un batazo para ganar el campeonato, fue la locura”, dice.

También evoca las grandes jugadas al lado de su compadre Arnoldo Kiko Castro, el viejo parque “Abelardo L. Rodríguez” a reventar de aficionados, los cinco gallardetes de aquellos tremendos Ostioneros…

Con más de ochenta años, Alfredo Ríos se conserva fuerte, con la mirada lúcida y una memoria tan fresca donde abrevan a raudales las nostalgias y las anécdotas de nunca olvidar.

¡Eso es dominar!

Era su primera temporada con los Diablos Rojos. En el montículo estaba el gran Ramón Arano contra los Sultanes de Monterrey, el equipo donde recién había jugado el guaymense.

Arano retiró sin contratiempos el inning inicial. En el segundo, a la caja de bateo se presentó Héctor Espino. Era el terrible Niño Asesino, El Supermán de Chihuahua, el mejor bateador mexicano de todos los tiempos…

“¡Yaqui!, ¡Yaqui! Me llamó Ramón a la loma para preguntarme cómo dominar a Espino, considerando que fuimos compañeros conSultanes y conocía sus debilidades”, comenta.

--Tírale bajito y pegado, ahí lo vas dominar –le dijo.

El primer lanzamiento fue por ahí, bien ceñido. Espino ni se inmutó. Ramón volteó a verme y Alfredo le hizo señas para que se lo repitiera. Salió un trueno, un cañonazo por encima de tercera. Hit doble.

Al concluir la entrada El Tres Patines llegó al dog-out negro de coraje. Se dirigió a Alfredo para echarle en cara su “mal consejo”. El resto de los jugadores guardaba silencio, expectante:

--¡Pinche Yaqui! ¡Dijiste que abajo y cerrado! - reclamaba Ramón Arano bien encabronado.

--Eso es dominar a Espino. Agradece que no te pegó jonrón, baboso –fue la respuesta al tiempo que todos Los Diablos rompían a carcajadas.

Un guante nuevo

Momento también inolvidable para Alfredo fue la obtención de su primer guante nuevo. Ya era un jovencito y seguía fildeando con un burdo envoltorio de trapo alrededor de la mano.

Un día se apareció en el campo Florencio Zaragoza quien, al término del juego, le dijo que pasara a verlo en la tienda donde ahora se ubica un supermercado en avenida Serdán y calle 20.

“Casi se me salieron las lágrimas cuando don Florencio me regaló un guante de piel, reluciente de nuevo. Esa noche no pude dormir por la emoción. Parece que fue ayer”, comenta.

En opinión de El Yaqui Ríos pocos hombres en Guaymas y en Sonora han sido tan grandes impulsores del béisbol: “Don Florencio fue un hombre muy valioso, muy apreciado, siempre apoyó al deporte”.

Muchos jugadores conoció Alfredo en su peregrinar, pero entre todos destaca a La Mala Torres. Era un magnífico fielder, de tremendo brazo, bueno con el bat, corría… era un pelotero completo, dice.

El Yaqui, a qué reiterarlo, era un excelente bateador. Enfrentó a pitchers de la talla del propio Arano, Vicente Huevo Romo, AlfredoEl Zurdo Ortiz, José Peluche Peña, José Soto, Miguel Sotelo, Juan Suby…

--¿A quién llegaste a considerar más difícil?

--No recuerdo su nombre. Era un derecho de los Cañeros que tiraba sin ver a home sino a tercera base. Tenía un piedrón pero muy descontrolado. Siempre esperábamos el pelotazo en el lomo, todos le teníamos miedo.

Como pocos beisbolistas, el guaymense dejó profunda huella en cuanto equipo y aficiones conoció durante su peregrinaje por la pelota profesional.

Fue once veces campeón: Una con Mineros, dos con Venados, una con Sultanes, Diablos y Yaquis, así como los cinco reinados con aquellos Ostioneros que miles de guaymenses atesoran en sus recuerdos.

Sobre sus facultades como jugador de cuadro, sobre todo como segunda base, queda aquel récord de 110 doble plays que impuso para una temporada con el paracorto Jorge Fitch, con Ciudad Obregón.

Por su prodigiosa vista para conectar la bola era un segundo bat natural, listo para el hit-and-run cuando se embasaba Kiko Castro, primero en el orden. Empezaban los Ostioneros un ataque…

Bola en juego

Por eso y mucho más es recordado en Guaymas y en todo el país: El 13 de Julio de 1990 su nombre pasó a la lista de los inmortales al ingresar al Salón de la Fama del Béisbol Profesional de México.

El tiempo vuela en la imaginación de El Yaqui, posa la vista sobre las ruinas del “Abelardo L. Rodríguez” en la Unidad Deportiva y una honda tristeza le empaña los ojos.

Lástima que no haya béisbol profesional. A la gente le hacen falta entretenimientos sanos, para la familia, para convivir en comunidad, para encauzar a los chamacos hacia el deporte, dice.

Pero Alfredo nunca fue de los que se quedan en lamentos. Todavía hace poco puso el ejemplo y con el vigor de un joven de ocho décadas entrenaba a muchachos de dieciséis, seguro de que serán campeones.

Quienes le conocen, que son muchos, saben de la calidad humana de este buen hombre, de su amor por la vida, su trato afable, de la sonrisa que incansable reparte por toda la ciudad.

Seguro es que, como tantos peloteros de Guaymas y de Empalme, Alfredo Ríos es una leyenda deportiva, uno de esos inmortales que saben arrancarle oportunidades al destino.

Una leyenda que sigue haciendo destino en sus andares por el puerto: a diario vive y convive con sus amigos, con los chamacos que forja para el futuro.

Porque para Alfredo Ríos Meza, el popular Yaqui, la pelota siempre seguirá en juego.

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A El Yaqui le habría

gustado un equipo así:

Miguel Pilo Gaspar_______ C

Héctor Espino___________1B

Alfredo Yaqui Ríos_______2B

Jorge Fitch______________SS

Aurelio Rodríguez_______3B

Epitacio La Mala Torres__JI

Ramón Diablo Montoya__JC

Héctor Zamudio_________JD

Vicente Huevo Romo_____PD

Fernando Valenzuela____PZ