EL DIAMANTE NEGRO Y EL DIAMANTE BLANCO DEL BEISBOL

La Leyenda del beisbol cubano se llamó José de la Caridad Méndez que fue bautizado como "El Diamante Negro”, apodo que le pusieron desde principios del siglo pasado. En cuanto se paró en un montículo fue algo especial. No existían los buscadores y la verdad que no había necesidad porque a donde voltearas había talento visitando los parques de beisbol que no tenían bancas, puertas, etcétera. Era simplemente un terreno más o menos arreglado para jugar.

Su debut en el fuerte beisbol cubano fue en 1907, con el equipo de Almendares, no era muy alto pero manejaba su pitcheo como maestro desde que empezó a jugar. Una figura que no pasaba desapercibida, dominaba cuanto pitcheo agregaba a su repertorio.

Allá era el Diamante Negro y fue por eso que Julio Molina fue bautizado como Diamante Blanco desde que en Yucatán se convirtió en una leyenda. De Molina se dijeron muchas cosas increíbles, hasta el grado de decir que lanzó un juego perfecto con sus dos brazos. La mitad del juego con el brazo derecho y la parte restante con la zurda. Aseguran que eso sucedió en el “Franco Inglés” de la Ciudad de México.

Nos estamos refiriendo a un jugador de principios de siglo, estudió en Estados Unidos y allá se formó como pitcher, llegó a Mérida ya hecho una figura. Tanto así que fue elegido para el Salón de la Fama en el primer grupo seleccionado en 1939. Es decir que se habla de alguien que ya había sido la gran figura en las primeras décadas del siglo 20. Hay algo de mucha leyenda en su presencia, en los diamantes del beisbol, nada más los historiadores son los que hablan maravillas de sus actuaciones. En los números no hay ningún reporte oficial.

José Luis Juárez, Manuel Oliveros, Manuel Muñoz y Pedro “Mago” Septien mencionaban sus hazañas. Ya no existe ninguno de ellos. También se decía que en los dobles juegos donde participó, abría el primer juego y el segundo. Ganaba y completaba. Dicen que fue quien inspiró a lanzadores como Basilio “Brujo” Rossel, Manolo Fortes, Memo Luna y otros para intentar hacer lo mismo.

Julio Molina jugó de 1910 a 1925 y desapareció, no tomó parte en el inicio de la LMB. Se hablaba de él como una figura especial, se recuerda aquel duelo que sostuvo contra el cubano Camilo Pujadas. Fue juego de 16 entradas y se suspendió por oscuridad con el marcador 0-0. Eso es lo que salía de los labios de los historiadores de la época.

Kerlegand99@yahoo.com.mx


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