JUAN ANGEL VILLARREAL, ¡DESCANSE EN PAZ!

POR VICTOR MANUEL PEREZ OCAMPO


Adiós a un grande de los emparrillados...

Juan Ángel Villarreal QEPD

Hoy despedimos a un extraordinario ser humano que fue parte de la gran familia del football americano saltillense como deportista, y padre de familia. Un personaje de la primera mitad de los años setenta que con su entusiasmo, carisma y pundonor iluminaba el juego que más apasiona a los estudiantes de todas las épocas: el football americano. No había hombre más dedicado y decidido en el terreno de juego desde la posición de linebacker que Juan Ángel Villarreal quien enfundado en los colores rojo y blanco se transformaba en un auténtico león de la defensiva, misma que encabezó y le vio surgir capitán en varios de sus partidos.

Perteneció a aquella camada que consiguió el primer campeonato de la década de los años setenta (1971) con el recién desempacado coach de los Pumas de la UNAM Jorge Castro y para 1973 repitió color en la liga del centro de la república que tanto diera a conocer a los victoriosos Daneses en diferentes estados del país. Durante su paso por el Ateneo fue candidato a la presidencia de la sociedad de alumnos, posteriormente estudiante de la Facultad de economía de la UAC al término de sus estudios si algo se relacionó su vida laboral con la del juego fue su constante aprendizaje y notoria capacidad para trabajar.

Todavía hace unos cuatro meses lo encontré muy de mañana -por lo de la contingencia- en el estacionamiento de Patio Saltillo, la plática que se alargó por casi 40 minutos derivó precisamente en cómo había sido su vida productiva y lo que me quedó muy claro es cómo la oportunidad se cruza con el trabajo y dedicación. Me dijo que estando en una lejana y pequeña población trabajando en el sector salud, él por su propia voluntad fue a trabajar en domingo cuando los demás descansan y era para tener arreglado, limpio su lugar y listo para el siguiente día y, por si se ofrecía la atención a alguien esta se pudiera llevar a cabo. Esos domingos a veces los altos funcionarios como secretarios federales o delegados los ocupan para llegar sin avisar a las dependencias a fin de corroborar si realmente se trabaja y eso le sucedió a Juan Ángel quien fue abordado por un alto político y funcionario que se llevó la sorpresa de su vida al observar a un empleado tan comprometido con el trabajo cuando todos descansan. De ahí para adelante las oportunidades llegaron, su capacitación y alta responsabilidad le permitieron ascender y pronto se convirtió en un excelente profesionista que no desentonó con la manera en que jugó y guío a su familia.

Hoy se ha adelantado en el camino de la vida, pero Juan Ángel y su destacada personalidad nos hacen agradecer a Dios habernos permitido conocer a este gran guerrero ateneísta. Para sus amigos, compañeros, y su apreciable familia, su esposa Lupita nuestras más sinceras condolencias en esta hora difícil, que Dios les dé consuelo. Descanse en Paz.





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